
Era una noche bastante cálida. Por una calle, no tan iluminada, caminaban dos personas separadas por unos 2 metros. Adelante iba una mujer con cabello largo, rubia, delgada, y con ella iban tres perros guardianes, que inspiraban respeto. Detrás de ella caminaba un señor con aspecto curioso, era barbudo y realmente desaliñado, lucía bastante como un mendingo, como un loco. Repentinamente me convertí en él, sentía su respiración agitada como mía, y el único pensamiento que tenía era conseguir atrapar a esa chica misteriosa. Todo se desvaneció, y al despertar era esa mujer. Me encontraba dentro de una casa, seguía siendo de noche, y los perros se encontraban detrás de una reja. Sentí que alguien me llamaba, así que crucé el portón del garage, y me dirigí a la entrada. Sentía mucho miedo y angustia, sentía que algo malo me pasaría. Entre el portón de la casa y los árboles de la vereda habían varias personas que no pude distinguir, excepto a él: el loco. Me esperaba con un sistema de cuerdas amarradas entre mi portón y los árboles. Recuerdo haber pensado que eso no estaba bien, y sin embargo fui a enfrentarlo. No sé qué palabras intercambiamos, si es que lo llegamos a hacer. Pero de un momento a otro tomó una cuerda, sonó un latigazo, y cuando reaccioné, de forma bastante indiferente, me di cuenta que mi mano derecha había sido mutilada. Ya no la tenía. Miré hacia dentro de mi muñeca, la sangre era espesa, muy espesa, y no caía. Miré algunos segundos, que se me hicieron eternos, esa parte de mí, sin lograr comprender del todo qué es lo que había sucedido, o más bien sin enteder el por qué de lo sucedido. Volteé hacia el loco, y me di cuenta que él mismo se había decapitado, aunque su cabeza se mantenía sobre su cuerpo estaba cortada también.
Fue toda una sorpresa.
No se dió cuenta que el mundo conspiró lo suficiente como para manipular sus decisiones. Entrega inmediata.
Llegó a su casa el día antes de despedirnos.
Crazy Cat Lady.
La primera vez que pensé ser de otro planeta fue a través de un sueño. Un sueño de esos que sabes que es real, aunque después te das cuenta que no era la realidad sino un sueño, debido a que en la vida real no ocurren conversaciones así.
Cuando yo tenía 8 años me caí en el pasillo de mi casa, y me clavé el marco de la puerta en la cabeza. No pasó nada grave, sólo salió mucha sangre y me quedó una linda cicatriz que hasta el día de hoy mantengo. Un día, estaba sentándome a almorzar, y mi hermana me plantea la siguiente cuestión (parafraseando): eres de otro planeta. Le dije que no, que si me habían traído de otro planeta, no podría recordar todos los eventos pasados de mi vida. Ella me dijo, ¿sabes esa cicatriz que tienes en la cabeza? Afirmé intrigada. Entonces dijo, que cómo no había pensado que tal vez los extraterrestres me habían implantado todos los recuerdos pasados para creer que en verdad había nacido aquí, a través de esa pequeña cicatriz. La simbolización de esta cicatriz, de aquella conversación, y de mi inadaptibilidad a la vida común, me impactaron lo suficiente como para afirmar dentro de mí esta teoría. Por fin había encontrado la explicación a tantas cuestiones que me hacía en aquel momento de mi vida. Por fin había obtenido la respuesta que buscaba y que requería. Respuesta que me guiaría por el resto de mi existencia. ¿Cómo omitir esa conversación?

Decidí refugiarme sola en el bosque. Todo estaba bien, me encontraba en un claro circular en el medio del bosque. Era muy hermoso. Los árboles me rodeaban, yo no podía estar más feliz. Cuando empezó a oscurecer, decidí caminar por el bosque, a mi derecha se encontraba el claro, y a mi izquierda los árboles. A medida que avanzaba, iba decorando aquellos árboles con luces navideñas, y ahora eran luminosos. Sentía mucha paz, y tranquilidad. Bueno, eso es lo que buscaba cuando huí hacia ese lugar.
En un momento me encontré con tres niños que rodeaban a un Árbol Bo, también conocido como Ficus Religiosa. Árbol que en la India es considerado sagrado, pues se dice que bajo uno de estos ejemplares Buda encontró la iluminación. Los niños eran pequeños, tendrían unos 9 años. Conversé un rato con ellos, cuando repentinamente sacaron grandes cuchillos, y empezaron a apuñalar al árbol. Sentí pánico, así que salí corriendo, y regresé a mi claro, esperando que no vinieran a buscarme.





